BLOG de JUANMA BLAZQUEZ

A ver cómo te lo cuento…

Vivimos en Plano Secuencia…

Acabo de abrir una página en facebook.

La he llamado “VIVIMOS EN PLANO SECUENCIA” en honor y reivindicación de aquellos que, como yo, tienen una forma de ver la vida indisoluble con el medio audiovisual.

El contenido con el que abro, creo que no deja lugar a dudas sobre ello:

“Si eres músico ya sabes que todos los sonidos de la Naturaleza son la música que marca el ritmo de tu vida… Si eres pintor, saboreas el hecho de que todo a tu alrededor tenga color… Si escribes, hace tiempo que descubriste que hay una historia detrás de la cosa más insignificante…

 …Y si eres como yo, sabrás que Vivimos en Plano Secuencia.” Juanma Blázquez

El mundo del reportaje y el documental se presenta, pues, como algo más que una ocupación o una afición. Es, como ocurre con el hecho artístico de la música, la pintura o la escritura, una manera de ver y de sentir la realidad. 

 

VIVIMOS EN PLANO SECUENCIA (facebook)

Y en cuanto a quién va dirigida, es una página abierta a todos; pero tiene sin duda unos compañeros de viaje especiales. Algo que queda más claro en la segunda entrada:

“Cuando haces una entrevista, ¿has pensado alguna vez en el contraplano? ¿En lo que ve el entrevistado?¿En tu imagen y la de tu equipo? ¿En tus preguntas? ¿No crees que él es un espejo y que sus respuestas reflejan lo que tú enseñas?”

 Son por lo tanto una serie de reflexiones en torno al proceso creativo del audiovisual con la realidad como fondo (el mundo del Reportaje y el Documental) nacidas a lo largo de más de treinta años de dedicación a este oficio, como periodista y realizador, así como otros más de diez años en el Instituto Oficial de Radio y Televisión (IORTV) de TVE cambiando impresiones con alumnos y profesionales del medio audiovisual.

Así pues, allí os espero también. Buscad en facebook la página “VIVIMOS EN  PLANO SECUENCIA” y compartirla.  Acaba de nacer; pero tiene mucho espacio para crecer y disfrutar.

Nos vemos allí…

9 noviembre, 2010 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , | 4 comentarios

17 años sin Anabel Segura

La primera imagen latente de Anabel Segura, me lleva a los primeros días de diciembre de 1993.

Recuerdo que sentía el “encargo” como algo muy comprometido.

Se trataba de entrevistar a José Segura, padre de Anabel, quien dado el callejón sin salida en el que se encontraba el secuestro de su hija, había decidido aparecer, por primera vez, ante las cámaras de televisión. Y el programa elegido fue Informe Semanal, cuyo director por entonces, Fernando López Agudín, me encarga a mi el reportaje.

Lo que más me impresionó nada más llegar a la casa de Anabel, en la Moraleja, fue el rostro de su madre. A pesar de estar destrozada, su rostro transmitía una gran serenidad, como si flotase, moviéndose sin apenas hablar, mostrando sin embargo en su silencio y su mirada todo el enorme dolor que no podía expresar.

Y, siempre en un ambiente de quietud que impresionaba, me enseñaron la casa. Especialmente la habitación de Anabel, en donde su hermana pequeña me contó algo que siempre me quedó grabado en la memoria, que es cuánto le gustaba a Anabel el tema “Respect”, de Aretha Franklin, el cual, me dijo, a menudo cantaban juntas.

A cambio de la confidencia, yo no utilicé “Respect” en el montaje, me parecía algo demasiado íntimo, alegre y personal como para explotarlo.

Antes de la entrevista, grabamos en silencio imágenes de su habitación, de sus fotos y recuerdos y guardé en mi cartera las cintas en v8 que me entregó la madre, con unas grabaciones familiares de cumpleaños, en donde aparecía Anabel.

Todo lo que pudiese ayudar…

Y después, las declaraciones de José Segura y del portavoz de la familia, el expresidente de la Junta de Andalucía Rafael Escuredo, sin duda el que mostraba más entereza dentro de aquella inquietante situación.

La madre no pudo decir nada para la cámara y yo tampoco insistí. Pensé que con un plano acompañando a su marido, y otro de la familia (padre, madre y hermana) era suficiente.

A aquel primer reportaje de Informe Semanal lo titulé “237 días sin Anabel”, y fue un trabajo tan cuidado como inútil, ya que no sirvió absolutamente para nada, pues como es ahora sabido, Anabel ya nunca aparecería, con pago de rescate o sin él, ya que había sido asesinada al inicio de su secuestro.

Pero entonces ¿qué otra cosa se podía hacer?

La segunda imagen latente es un enorme y polvoriento descampado. Y en el centro, entre las ruinas de una vieja fábrica, creo recordar que en Numancia de Sagra, una excavadora buscaba a paladas descarnadas el cuerpo de Anabel, entre la tierra y los escombros.

Un espacio irreal, rodeado por una inimaginable multitud formada por cientos de personas, entre reporteros de prensa, radio y televisión y curiosos de todas las edades que llegaban de los pueblos de alrededor.

Un espectáculo penoso, que no retrataron las cámaras.

Recuerdo con espanto la avidez de los plumillas que todos los medios habían enviado al lugar para recoger el momento del hallazgo del cuerpo.

Y recuerdo, asqueado, la pelea infame de todos nosotros por recoger los testimonios de los testigos, una vez encontrado el cadáver. Una pelea a veces entre reporteros de la misma cadena, tal como me ocurrió con una compañera de TVE, que ahora prefiero no nombrar.

Abochornado, me prometí que nunca más me vería envuelto en algo así. Y aunque tras “Informe Semanal” pasé una temporada por “Quien sabe dónde”, en donde conocí casos y momentos muy duros, el “respeto real” (no ese hipócrita, falso y burdo “respeto coartada” que solemos ver en televisión) por los protagonistas de la noticia, siempre lo tuve muy presente, y más recordando el horror de aquel descampado.

El resultado de todo aquello fue un segundo reportaje, resumen del caso de Anabel, que hice también para Informe Semanal, en septiembre de 1995.

Un reportaje, ahora rescatado del archivo en “TVE a la carta”, titulado “El final de la esperanza”.

Y es que la historia de Anabel tuvo un final muy triste. Aunque, con todo, sus padres consiguieron recuperar el cuerpo, y no tuvieron que convertirse en lo que Maria Antonia Iglesias, con quien también trabajé en Informe Semanal, denominó recientemente en el programa “La Noria”, con mayor o menor acierto, “padres espectáculo”.

¿Y por qué todo esto? Pues porque TVE ha vuelto otra vez sobre el tema de Anabel Segura, con una reconstrucción de los hechos, con actores, para la serie “La Huella del Crimen”.

Y he de decir que yo no lo comprendo. No comprendo su necesidad, oportunidad o qué sentido tiene recordar ahora aquella historia, tan lejana y a la vez tan reciente. Creo que a su familia ya le habrá costado, si han podido hacerlo, remontar aquellos duros años, para que ahora vuelvan a mostrárselos en “prime time”.

¿Para qué?

De cualquier forma, aunque yo no lo sabía, hasta hoy, con “La Huella del Crimen” he descubierto que la historia de Anabel Segura sigue viva en mi recuerdo.

Latente.

Me ocurrió con ella como con otras, que creí olvidadas, hasta que un nombre en un periódico, o una imagen en una pantalla volvió a abrir una puerta, hasta entonces cerrada y olvidada, en alguno de esos pasillos de mi mente que hace tiempo dejé de frecuentar.

¿Cuántas más habrá…?

Desde aquí un cariñoso recuerdo para Anabel y su familia.

(Ampliación: 5 de enero de 2011)

Hace ya varios meses que escribí este comentario y puedo decir que desde entonces todos los días (todos) varias personas entran a leerlo y a ver aquel informe semanal del enlace. Todos los días. Me maravilla que Anabel siga siendo una persona tan querida y buscada. Un saludo a todos y, como antes, mi recuerdo para ella, desaparecida tan joven y de forma tan tristemente fortuita. Mi más profundo deseo de que historias como la suya no vuelvan a repetirse.

2 marzo, 2010 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , | 8 comentarios

Sobre Haitianos y “Mojaitos”

Ocurrió a principios de los 90.

Se trataba de hacer un reportaje para Documentos TV sobre los emigrantes ilegales que entraban en la Península Ibérica por el sur. Buscábamos algo que explicase porqué aquellas personas cruzaban África desde todos los puntos posibles hasta llegar a Marruecos; cómo allí se prestaban a las canalladas de las mafias para, finalmente, jugarse la vida en el Estrecho de Gibraltar y, tras meses de desgaste de sus vidas desde la salida de casa, cumplir un sueño: ¡llegar a Europa!

En Cádiz por entonces los llamaban “Mojaitos”, un nombre con reminiscencias tejanas, pues recordaba al de “espaldas mojadas” que recibían los mejicanos que cruzaban ilegalmente la frontera con EEUU.

Pero éstos se denominaban así por como pisaban “nuestro suelo”: llegaban tiritando de frío y empapados de agua en las pateras, exhaustos, y con la mirada fija y vacía. Y, entre el miedo y la desesperanza, dejaban hacer a la Guardia Civil y a la Cruz Roja, que les cubría con mantas y les daba una taza caliente y algo que comer.

Para mí aquella fue la primera vez que entraba en contacto con el mundo de los “ilegales”. Y aunque después volví muchas veces a grabar pateras, aquel primer encuentro con los Mojaitos me causó una gran impresión, que aún no se ha borrado.

Dicen que cada vez llegan menos Mojaitos desde África. Convertidos en carne de estadística, parece que hay algo que les retiene en el Sur del Mundo.

Y en estos días, viendo la tragedia del terremoto de Haití, no puedo evitar recordar a aquellas caras de los subsaharianos que grabamos para aquel documental: son como los Mojaitos.

A menudo la gente se pregunta en la calle porqué el gobierno permite la entrada de emigrantes ilegales; porqué no se les ayuda “en su casa”, en vez de dejarlos llegar hasta aquí, a rebozarnos su miseria por la cara, para después quitarnos nuestro trabajo y más tarde, con el paro, nuestras pensiones.

La gente es muy primitiva y piensa así.

Más si de algo han servido las imágenes de Haití es para recordarnos la precariedad de la vida en los paises del mundo en donde habitan los “Mojaitos”.

Ahora les damos algo de lo que nos sobra y, de alguna forma, tratamos de tranquilizar nuestras conciencias, intentando no pensar más allá.

No queremos ponernos en su lugar.

No queremos saber lo que haríamos si viviésemos como ellos.

No queremos pensar qué sentiríamos si viésemos a nuestros hijos descalzos, con los estómagos abultados por el hambre y esos ojos enormes mirándonos hasta tan adentro, que nos obligasen a bajar la vista…

…y cambiamos de canal.

Es horrible.

Como siempre, tras el paso de la avalancha de noticias y el “lucimiento” de los enviados especiales de los medios y los políticos, estos “Mojaitos” pasarán otra vez al olvido.

Es como si necesitásemos que, de tiempo en tiempo, la Naturaleza nos gritase con tsunamis y terremotos, para despertarnos de nuestra miserable ceguera.

17 enero, 2010 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , , , , | 5 comentarios

La discreción de los Cooperantes

Hace unos años tuve ocasión de dirigir una serie para TVE a la que titulé “Cooperantes”, centrada en la cooperación española en el mundo.

Fue una experiencia potente, de las que te dejan una huella imborrable, no ya en la memoria, sino incluso en tu propia visión de la vida.

Allí pude conocer a muchos cooperantes en países en donde no lo tenían nada fácil como Moçambique, Territorios Ocupados (Palestina), Filipinas, Bosnia Herzegovina, Marruecos o la propia Mauritania, que ahora ha saltado a primera página de los periódicos con el triste asunto del secuestro de los tres cooperantes españoles.

Y observando en los informativos las imágenes del convoy del que formaban parte, lo primero que me ha saltado a la vista es la “ausencia” de “algo” cuya mención es posible que muchos puedan achacar de inadecuada o inoportuna.

“Algo” que caracterizaba a todos y cada uno de los cooperantes que conocí durante el rodaje de la serie: la discreción.

Sí, “discreción”.

Puedo decir que en su inmensa mayoría no había nada en ellos que hiciese sospechar que se tratase de cooperantes. Aparecían a la cita con sus vaqueros, su ropa sencilla sin marcas destacables ni rótulos y, a menudo, con una pequeña bolsa al hombro o una mochila para sus cosas. Así nos acompañaban a mi equipo y a mí que, por otra parte, nuestra única seña de identidad era la inevitable presencia de los aparatos del cámara y el técnico de sonido.

En el documental el cooperante aparecía en las secuencias (de eso se trataba), pero solo se le identificaba en el montaje final, una vez que se dirigía a cámara en la entrevista.

Tampoco recuerdo que se prodigaran entre ellos ese tipo de chalecos que gusta portar a algunos reporteros, que trabajan eventualmente en el tercer mundo, ni, por supuesto, ningún tipo de rótulo que mostrase su origen o función, que yo definía en el texto del guión.

Porque los cooperantes trabajaban mucho mejor “fundiéndose” en lo posible con la población. Incluso era una práctica generalizada funcionar en colaboración con ONG’s locales, con lo que a menudo mi interlocutor, a pesar de representar a una organización o asociación española, era un hombre o mujer del mismo país, con lo que la integración y la eficacia de las ayudas eran mucho mayores.

Y en cuanto al transporte ocurría otro tanto, de forma que la distribución de la ayuda se realizaba de forma discreta, sin esa necesidad imperiosa de enseñar “la marca”.

No pretendo hacer ninguna crítica con esto, pues nada hay más loable, admirable y útil que la acción humanitaria desinteresada, sea ésta cual fuere en volumen, tiempo o lugar; pero si hacer una reflexión sobre las fórmulas más adecuadas, en aras a conseguir que esta acción humanitaria conlleve un riesgo menor para las personas que la ejercen, y consiga una mayor eficacia.

Y la discreción de la cooperación es sin duda un elemento fundamental.

Ahora solo nos queda esperar que los tres cooperantes españoles secuestrados en Mauritania vuelvan pronto a casa, sanos y salvos, y aprender de esta terrible experiencia para el futuro.

2 diciembre, 2009 Posted by | 1 | , , , , , , | 1 comentario

Día de los Derechos del Niño: NO A LA PORNOGRAFÍA INFANTIL

Nunca terminé de entender el concepto pornografía infantil.

“Pornografía infantil…”

Me explico: ¿Puede ser infantil la pornografía? ¿Es “infantil” gozar con la visión de un pequeño cuerpo que está siendo violado por un adulto, que además siente algún extraño placer en ser observado u observar “ese acto” a través de Internet?

Mas, una vez admitido el término, me pregunto si esa explotación que denota la pornografía infantil es tan ajena a nuestras occidentales y desarrolladas vidas.

Sin necesidad de hacer un gran esfuerzo no me cuesta nada recordar, por ejemplo, a un hombre grueso, con pelo y barba blanca y acento alemán, acompañado de una cría en La Habana, en Cuba, en actitudes que claramente hacían descartar que se tratase de un pariente, y denotaban que no era más que otra muestra de esa repugnante variante del “turismo sexual” dedicada a la caza de una menor.

Y lo más triste: a nadie parecía importarle.

O, hace ya unos años, recuerdo ciertos locales de las afueras de Manila, en Filipinas, llenos de turistas que, por razones que no acabo de entender, se sentían (y se siguen sintiendo, supongo) liberados de toda conciencia moral ante el hecho de tener ante sus ojos la evidencia de la explotación sexual de niñas, tal como pude constatar el día en que tuve el triste honor de ser invitado de forma inadvertida a darme una vuelta por allí, sin asomo de repulsión por parte del tipo que nos guiaba, que “controlaba el tema” y se movía como pez en el agua.

Un tipo que lo único que dejó en mi memoria fue la escalofriante impresión de que se trataba de alguien con cierta clase, sin esa especie de “tara” en el gesto, la educación o las formas que imaginamos debería de evidenciarse en personajes con tales instintos pedófilos.

No.

Tal como nos revelan las noticias de las acciones policiales, ocurre a menudo que detrás de la “pornografía infantil” se encuentran padres de familia o considerados profesionales de vidas más o menos grises y anónimas, hasta que un día se descubre que tienen el disco duro abarrotado de imágenes de “niños crudos” utilizados para vaciar en ellos las más oscuras e inimaginables pasiones, que marcarán el resto de su vida.

Es tan espantoso que a mí me cuesta llamarle “solo” “pornografía infantil”, como si ese concepto no fuese capaz de abarcar tanta perversidad.

Hoy es el “Día de los Derechos del Niño”  caracterizado por el repudio social a la “pornografía infantil”.

Un concepto que nunca debió de existir.

Pero los occidentales pertenecemos a los países más desarrollados del mundo.

Tenemos de todo…

20 noviembre, 2009 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , | 6 comentarios

Pena de muerte, pena… de muerte.

Blog 11 20091115 Pena de muerteAcabo de recibir un mensaje de Amnistía Internacional en el que se me comunica que, a pesar de las miles de cartas enviadas pidiendo la conmutación de su pena de muerte, el “kurdo-iraní Ehsan Fattahian, miembro de la minoría kurda de Irán, fue ejecutado en la provincia de Kurdistán, en el noroeste de Irán, la madrugada del 11 de noviembre.”

Terrible noticia que me devuelve a los años en que conocí a David Allen Castillo en el Corredor de la Muerte de la Prisión de Alta Seguridad de Huntsville, en Texas.

Entonces, como hoy, la mayoría de los que esperaban allí la inyección letal eran hispanos o negros y, sobre todo, pobres.

Recuerdo que el día de la entrevista (de lo cual me enteré después, horrorizado) estaba marcado como fecha de ejecución para David; pero el día anterior su abogado había conseguido treinta días más de plazo.

La historia de David Castillo fue el hilo conductor del documental que hice para el programa “Documentos TV” (TVE) al que titulé simplemente “Death Row: el Corredor de la Muerte”, haciendo referencia al lugar y al reo, puesto que “el Corredor de la Muerte” no era la traducción de death row, sino una alusión a David Castillo, al que acusaban de haber dado muerte al dueño de una licorería.

Pero no había pruebas y esa fue la base de mi investigación.

Una investigación que comenzó con una entrevista al propio David, que conseguí a pesar de la indiferencia y el desprecio que me demostró la administración de aquella prisión hacia David. Porque nadie entendía que yo quisiese hablar con un tipo así.

Recuerdo que, una vez en Huntsville, pude hablar con David solo gracias a la colaboración de un funcionario hispano, al que tuve que mentir contándole que el viaje de todo el equipo (producción, cámara, sonido y yo mismo) había sido tan caro que si volvía sin la entrevista nos echaban del trabajo, y así finalmente accedieron.

El tema “económico” funcionó: dos horas de entrevista con David.

Después hice mi trabajo.

Hable con su familia y su abogado y, por supuesto, con la otra parte: hablé con el fiscal, un tal René Guerra, y pude entender, a través de sus palabras, lo duro que lo tenía David.

Aun así pude demostrar que no había ninguna prueba contra David.

Que todas eran pruebas circunstanciales.

Que la única prueba era la huella de una zapatilla de deporte que ningún experto certificó que perteneciese a David.

Que el abogado, de oficio, apenas intervino (David era pobre).

Que tenían otro candidato culpable: un tal Martínez, del que encontraron la huella de la palma de su mano en el mostrador de la licorería, en el lugar de la caja registradora que habían robado; pero se les había escapado. Y que la policía fué presionada por el fiscal para que su declaración sobre este asunto no sirviese para exculpar a David.

Que la madre de un primo de David había tenido relaciones con el dueño de la licorería donde ocurrió el crimen, y que ella había muerto durante una discusión con él. Y que desde entonces ese primo, un tal Pitt, odiaba a toda esa familia por ello.

Y que el tal Martínez y Pitt eran amigos…

Mucha mucha información que ponía en cuestión toda la estrategia del fiscal.

El documental salió y movió mucha prensa y muchas cartas (como ocurre hoy) de Amnistía Internacional y mucha solidaridad desde toda España.

Y, aparentemente, logró su objetivo. Se emitió en el sur de Texas, en la zona en donde ocurrió todo, junto a la frontera con México, en el entorno de Mc.Allen, y finalmente a David le dieron un nuevo juicio y sobrevivió.

O eso es lo que yo pensé aliviado, pero estaba equivocado.

Porque nueve años después (¡nueve años!) Cesar Díez, por entonces responsable de Amnistía Internacional en España, me llamó para darme la noticia de que David había sido ejecutado en Huntsville, por inyección letal.

Muy fuerte.

¡Qué tenacidad, la de aquel fiscal!

¡Qué implacable esa sociedad!

Que injusticia.

Ahora, hoy, Amnistía Internacional sigue luchando contra ese muro, no sólo en EE.UU., con o sin Obama, sino en todo el mundo.

Y con cada carta de A.I. vuelvo a ver a David detrás de aquel cristal lleno de huellas de contactos imposibles; a su hermano, que me decía que cuando estaba triste ponía mi documental para ver a David, y así lo llevaba mejor; a su hermana; a su madre…

Ahora le ha tocado a Ehsan Fattahian, a quien mi inquieta imaginación ha vuelto a poner la cara de David Allen Castillo.

Otra vez…

¡Qué putada!

Qué putada…

15 noviembre, 2009 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , , , , , , | 5 comentarios

Por Amor al Arte

20090713 Por Amor al ArteSe abre el telón.

A la izquierda del escenario un hombre remueve unos papeles sobre una mesa mientras, poco a poco, a su alrededor van surgiendo otros personajes que tratan, por lo que se ve, de decidir cual será la obra a ensayar para la proxima representacion.

A continuación, como si de unos “flash back” mágicos se tratase, los mismos actores nos dejan visualizar escenas de las obras, todas clásicas (¡y en verso!) que se están valorando sobre la mesa.

Todo esto sucede en un pueblo de Madrid, Villa del Prado, en donde el grupo de teatro local, “Armonía”, al que tuve ocasión de grabar una obra memorable para el documental “Cuaderno de Cenicientos”, pone su grano de arena para estrenar el nuevo “Centro de Artes”.

Hasta ahí todo normal, pero solo aparentemente.

La cuestión es que se trata de un grupo de teatro independiente que comenzó su andadura hace 25 años. Un grupo de teatro integrado por actores del pueblo que, durante todo ese tiempo, han llevado ese arte a sus vecinos a cambio “de su aplauso”. Los protagonistas, un churrero, un pastor, un funcionario, un estudiante… Hasta tres generaciones se ven representadas allí.

Para mi, desde la séptima fila del patio de butacas, la representación se me antoja, conociendo esta circunstancia, cosa de héroes.

¿Quién si no se entregaría a sus vecinos de esa manera, metiendo verdadera cultura clásica allí en donde, de otra manera, difícilmente habría llegado?

Y además de que forma: desde el escenario fueron capaces de hacernos reír con “Don Mendo”, sufrir con “Fuenteovejuna”, irritarnos con un Don Juan chulo y malvado “como los de verdad”, ponernos trascendentes con las sabias palabras de “La Celestina”, o asombrarnos con un cambio de papeles arriesgado y moderno que hubiese firmado cualquier director de teatro “de la capital”.

Una obra espléndida que me retrotrajo a los tiempos heroicos retratados en aquella película memorable “Viaje a ninguna parte”; a aquellos cómicos clásicos y puros que aprendieron el oficio de si mismos, y lo alimentaron con entusiasmo y amor por las tablas, mas allá de las corruptelas de la fama y de la prensa del corazón (que no existía, al menos como ahora).

El grupo de teatro “Armonía”, como aquellos, trabaja por amor a la profesión, entregando todo lo que tienen, que no es solo su tiempo, ¡que ya es mucho!, sino también el vestuario, el atrezo, la música y una pasión enorme que todos guardan en los viejos baúles de sus casas y sus corazones.

Es un gesto de generosidad que, probablemente, comparten con otros grupos de teatro independiente repartidos por este país.

Yo les quiero dar las gracias por su regalo. Por ser capaces de hacerme soñar en una calurosa tarde de verano.

Y lo mas increíble, dado los tiempos que corren: que todo lo hagan “por amor al arte”.

De verdad: muchas gracias.

Se cierra el telón.

13 julio, 2009 Posted by | 1 | , , , , , , , , | 3 comentarios

Sabores en Peligro de Extinción

Blog 07 20090629 Sabores en peligro de extinciónLa “mano que escribe” lo hace trazando unos dibujos sobre un papel. Renglones que van ocupando un espacio, hasta que todo el conjunto adquiere un valor documental distinto, original: es un manuscrito.

El teclado del ordenador olvida ese arte. Todas las pulsaciones tienen el mismo resultado: pulcritud y frialdad.

Distancia.

Tampoco descarto que se trate de un achaque de “los 50”. Cuando era más joven lo único que me preocupaba era el concepto ya desarrollado: “lo que se leía”. Que se entendiese bien y que no hubiese faltas de ortografía…

Pero ahora me interesa también el soporte, su estética, su relación con el escritor, su historia (incluso sus errores). Cosas que se pierden en una pantalla como ésta.

Y es que todo escrito es como un viaje. Si lo haces por autopista ganas en velocidad, pero pierdes el sabor del camino.

Aparentemente llegas antes al mismo sitio; pero has perdido disfrutar del detalle de los lugares que median entre tu origen y tu destino: el color y la forma de las casas, los rótulos de las tiendas, los olores, la forma de vestir de la gente, los perros, las vacas, los caballos… ¡los gatos!

A lo sumo, lo máximo que ves es un rebaño en la lejanía o unos restos espachurrados y secos de algo que pudo ser un conejo o una ardilla, o un perro abandonado, pegados al sofocante asfalto.

Después, señales con fondo azul o fondo blanco y gasolineras con autoservicios idénticos, a no ser por el acento de la persona que recoge tu tarjeta de crédito.

Creo que una de las cosas más negativas del ordenador es la desaparición de los manuscritos. Es difícil que en el futuro podamos conocer como eran los trazos de nuestros escritores contemporáneos. Seguro que su escritura es algo muy distinto de estos textos pulcros, puros, definitivos, sin correcciones ni tachaduras ni zona gris. Sin la humanidad del apunte apenas legible, fruto de la duda y de la búsqueda de la perfección.

Recuerdo cuando usaba la Olivetti, la “máquina de escribir” (¡qué bonita expresión!). Incluso con ella podías apreciar si habías pulsado con más o menos fuerza, por el relieve del papel, o si el rollo de cinta estaba más o menos gastado. ¡Y qué me dices de las correcciones con tippes, que siempre dejaban huella! Así el escrito participaba de esa originalidad de la escritura a mano.

En un ordenador, incluso la misma lectura también es fría. Además, estos mismos sentimientos y sensaciones podrían desaparecer en un segundo, pues están representados de forma fraudulenta, y frágil, a partir de una oscura sucesión de ceros y de unos.

Cada vez valoro más el calor de lo fabricado a mano, por simple que sea: los objetos de autor.

Que yo recuerde, siempre he necesitado pasar los guiones de mis reportajes y documentales a papel, antes de darles el visto bueno definitivo. Luego vienen las correcciones a lápiz. Vivas y desenfadadas, que se pierden tristemente en la papelera, una vez que las he vuelto a teclear.

Por eso me llevo una agradable sorpresa cuando encuentro traspapelado algún viejo guión, lleno de correcciones garabateadas con esa característica gracia e indolencia del íntimo tachón.

Me gusta escribir a mano; la magia del papel en blanco y del bolígrafo nuevo, con su preciosa tinta concreta e impecable; la ingenuidad de ese puñado de lápices de colores con la punta recién sacada, como lista para revelarte los secretos que esconde tu cabeza; el tacto del sacapuntas de metal, su diseño sólido y preciso; el olor dulzón de la goma de borrar y, mucho mucho, la expresión de Alicia cuando tiene entre sus manos mi último escrito, casi crudo: un dibujo de palabras que acabé de pincelar a las tantas de la madrugada.

Son sabores impagables, en peligro de extinción.

29 junio, 2009 Posted by | Sin categoría | , , , , , , , , , , | 4 comentarios

Los Nosotros

20090407(039)Hubo un tiempo en que estaba encantado de formar parte de Nosotros. Opinaba como Nosotros, sentía como Nosotros e incluso llegué a captar el modo de hablar y de vestir de Nosotros, de manera que cuando alguien me veía por la calle decía: “Mira, un Nosotros”.

Genial oye.

La cuestión es que tanto me preocupaba aquello de ser un Nosotros más, que un día me paré ante el espejo con una pregunta íntima e inesperada: “Si realmente soy un Nosotros… ¿por qué tengo que trabajármelo tanto? ¿Por qué no sale todo de forma natural?”

Fue entonces cuando me vino la horrorosa idea de que, aunque yo no fuera consciente de ello, era posible que debajo de aquel trabajoso Nosotros mío, se encontrase camuflado en realidad un elemento del oscuro Vosotros.

¡O sea: que yo podía ser en realidad un Vosotros, solo que aún no me había dado cuenta!

Pero, dada la aversión que sentía hacia los Vosotros, a lo peor la cosa era mucho más siniestra, y yo era en realidad un… “¡Ellos!”

La leche.

Pensé pues en que siendo un Ellos o un Vosotros sería explicable porqué a veces me costaba tanto llevarme bien con los otros Nosotros.

Porqué no terminaba de aguantar sus obsesiones y su manía persecutoria con los Vosotros y Ellos, a quienes había que atacar de manera inmisericorde, de la misma forma que, hiciese lo que hiciese uno de Nosotros, estabamos obligados a apoyarlo y defenderlo, aún entrando en conflicto con nuestros más íntimos sentimientos.

Incluso había que dar la cara a toda costa por cualquiera de Nosotros, para no darles “alas” a Vosotros (o mucho peor: a Ellos). Afirmación que siempre me dejaba perplejo, pues siempre me interesó la búsqueda de la verdad, aunque nos afectara a Nosotros, mismamente, en la convicción  de que Nosotros era un concepto tan formidable, perdurable e impermeable, que el hecho de reconocer que un Nosotros fuera un poco “lelo”, jamás afectaría negativamente a la totalidad de Nosotros como grupo, sino que lo fortalecería.

Pues no.

La cuestión llegaba a ser tan dura que, como a veces entrábamos en contradicciones, en conversaciones que se desarrollaban simultáneamente, al no saber cual era la opinión oficial de Nosotros, decidimos mantener la boca cerrada sobre ciertos temas puntuales hasta que se supiese con exactitud lo que dictaminaba Nosotros sobre el asunto, y lo que debíamos de “pensar”.

Torturado por el protagonismo que habían tomado en mi vida los pronombres personales, quiso la casualidad que conociese a un profesor de universidad de la ciudad en que nací, que afirmaba sin complejos que opinaba indistintamente como Nosotros, Vosotros o Ellos en función de qué tema o matiz o estrategia estuviésemos hablando, puesto que Vosotros funcionaban mejor en unos casos y Nosotros en otros (la verdad es que de Ellos nunca dijo nada).

De cualquier forma aquel viejo chupatintas me pareció un espíritu libre. Porque aquello de la pertenencia a machamartillo a un Nosotros a cualquier coste, se me antojaba ya un poco irracional.

Total, que hace tiempo que dejé de ser Nosotros. Tampoco “me pasé” a Vosotros ni a Ellos, sino que decidí valorar las propuestas puntuales de Nosotros, Vosotros o Ellos con objetividad en cada momento y entonces decidir.

Así comencé a formar parte de un nuevo grupo, mucho más auténtico: el de “Yo”.

Si: Yo mismo.

Quizás algún día desapareciesen los Nosotros, los Vosotros y los Ellos, y podríamos mirarnos al espejo sin hacernos preguntas sin respuesta.

19 mayo, 2009 Posted by | 1 | , , , , , | 9 comentarios