BLOG de JUANMA BLAZQUEZ

A ver cómo te lo cuento…

“El Contubernio de Munich”

Hay partes de la historia que conocimos en los libros y otras que no terminan de definirse hasta que el

De Izda. a dcha. Juanma Blázquez, Inma León, Enrique Peris, Mercedes Gonzalez, Juan Cuesta, Maria Dolores Albiac y Jordi Jaria de Europa en Suma, asociación de periodistas eurofilos que participa en la celebración en el Congreso del los 50 años del “Contubernio de Münich”

 tiempo, como dicen los viejos, sitúa a cada uno en su lugar.

Una de esas partes se refiere a un hecho ocurrido a mediados del siglo pasado, en el año 1962, en plena dictadura franquista.

Un hecho que fue recordado en un emotivo acto al que tuve el honor de asistir, como miembro de “Europa en Suma”, el pasado 30 de mayo en la Sala Ernest Lluch del Congreso de los Diputados.

Y es que tal día como hoy, 4 de junio, hace cincuenta años, en plena dictadura, 118 españoles de distintas ideologías políticas partían desde España y desde distintas ciudades europeas con dirección a Munich. Gentes de la derecha y de la izquierda española: democristianos, monárquicos, socialdemócratas, socialistas, nacionalistas vascos y catalanes… 80 desde España y 38 del exterior. El objetivo, el IV Congreso del Movimiento Europeo que se celebraba en Munich del 5 al 8 de junio de 1962.

Y lo hicieron a sabiendas de que ese congreso no seria del agrado del General Franco, ocupado esos días en reprimir la huelga de la minería en Asturias. Y no podía serlo pues lo que en Munich había de tratarse era de todo punto incompatible con una dictadura como la que se vivía en España.

El encuentro en Munich era tan esperado como emotivo, por ser la primera vez desde la Guerra Civil que personalidades de tal relevancia política tanto del interior como del exilio se reunían para “hablar” del futuro de España, sobre dos premisas fundamentales: la democracia y la integración en Europa.

Y la cautela era tal que, en principio, se reúnen por separado en dos comisiones: por un lado la formada por los 80 del interior, presidida por Jose María Gil Robles y, por otro, la integrada por los 38 exiliados, presidida por Salvador de Madariaga.

Pronto los comités comenzaron a mezclarse y el debate se fue centrando en temas como la forma de gobierno. Y era complejo, pues mientras los del exilio buscaban el restablecimiento dela República, los del interior apostaban por una forma de gobierno que, en su opinión, no dividiese de nuevo a los españoles. Así Joaquín Satrústegui defiende la adopción de la Monarquía Parlamentaria como fórmula de consenso, al no haber tomado la Monarquía parte en la guerra,  y anteponiendo siempre como principio la instauración de la Democracia. Finalmente se llega al compromiso de los socialistas, a través de Rodolfo Llopis, de apoyar a la Monarquía, si ésta apoya a la Democracia, como así ocurrió años después.

Tras intensos debates, el Congreso de Munich aprueba por unanimidad estos cinco puntos:

Primero.- La instauración de instituciones auténticamente representativas y democráticas que garanticen que el Gobierno se basa en el consentimiento de los gobernados.

Segundo.- La efectiva garantía de todos los derechos de la persona humana, en especial los de libertad personal y de expresión, con supresión de la censura gubernativa.

Tercero.- El reconocimiento de la personalidad de las distintas comunidades naturales.

Cuarto.- El ejercicio de las libertades sindicales.

Y quinto.- La posibilidad de organización de corrientes de opinión y de partidos políticos.

Además, los delegados expresan su compromiso de renunciar a toda violencia activa o pasiva antes, durante y después del proceso evolutivo.

Visto desde la perspectiva de los jóvenes que no hayan vivido el franquismo es difícil valorar la importancia de aquel encuentro.

Un encuentro que Salvador de Madariaga resumió en su discurso con precisión de cirujano y una altura política y emotiva impresionantes, desde la perspectiva de aquellos oscuros años de dictadura.

Decía Madariaga:

“Los que antaño escogimos la Libertad perdiendo la Tierra, y los que escogieron la Tierra perdiendo la Libertad, nos hemos reunido para otear el camino que nos lleve, juntos, a la Tierra y a la Libertad. Aquí estamos todos, menos los totalitarios de ambos lados. Yo os aseguro que en la Historia de España, el Congreso de Munich será un día singular y preclaro. La guerra Civil, que comenzó en España el 18 de julio de 1936, y que el régimen ha mantenido artificialmente con la censura, el monopolio de la prensa y radio y los Desfiles dela Victoria, terminó anteayer: el 6 de junio de 1.962”

Programa del acto el jueves 7 de junio de Europa en Suma en la Casa de América en conmemoración del “Contubernio de Munich”.

Y tras el congreso, el retorno.

Un retorno difícil, pues el General Franco ya había decidido qué hacer con aquellos “traidores”, publicando el 8 de junio el decreto-ley 17/1962 que suspendía por dos años el derecho de libre residencia, garantizado en la legislación franquista por el artículo 14 del Fuero de los Españoles. Y mientras en las calles se gritaba sin ambages “los de Munich a la horca”, los congresistas eran detenidos según iban llegando a España, unos nada más aterrizar en el aeropuerto de Barajas, y trasladados a los calabozos de la Puerta del Sol, de Madrid, en donde ya se había decidido su inmediato futuro: la cárcel, la deportación o el exilio.

Así, con el apoyo y el escarnio de la prensa del régimen, los asistentes al Congreso de Munich son represaliados. Unos, como Joaquín Satrústegui, Fernando Álvarez de Miranda, Jaime Miralles, Jesús Barros de Lis, Iñigo Cavero, Ruiz-Navarro, Alfonso Prieto Prieto o Félix Pons y Casals son confinados en Fuerteventura, Lanzarote u otras islas del archipiélago canario. Otros, como Jose Vidal-Beneyto, José Federico de Carvajal, Dionisio Ridruejo o Jose María Gil Robles, enviados al exilio.

Este último, además, es separado del Consejo Privado del Conde de Barcelona.

No hubo piedad para ninguno de ellos ni para sus familias. Tanto que cuentan como en las casas de Jorgina Satrústegui y de Enrique Tierno Galván se recogían fondos para ayudarlas.

Así pasaron quince años, antes de que aquellos cinco puntos, aprobados en Munich, se vieran reflejados en una Transición que probablemente hubiese sido más compleja sin aquel Congreso de 1962.

Un congreso que la prensa de la época calificó despectivamente con ese adjetivo con el que, paradójicamente, ha pasado a la historia, y del que hoy celebramos el cincuenta aniversario:

“El Contubernio de Munich”

Y tengo que decir que todo esto ocurría tal día como hoy, hace cincuenta años, cuando yo apenas contaba con seis años de edad y todo aquello me era tan ajeno y desconocido como la televisión en color. Y sin embargo hoy, cincuenta años después, tras asistir al Congreso de los Diputados y ver, escuchar y estrechar la mano de algunos de los supervivientes, ya octogenarios, como Fernando Álvarez de Miranda, José Federico de Carvajal o Carlos María Bru, he sentido la necesidad de darles las gracias.

Gracias.

Ojalá que aquel ejemplo que dejaron unos y otros al unirse por un objetivo común tan trascendental, se repitiese con la misma intensidad en estos difíciles años de crisis económica que vivimos en la Españade hoy.

Ellos demostraron que esa unión fue posible, en las peores condiciones imaginables. Espero que sus sucesores hayan aprendido la lección.

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5 junio, 2012 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 6 comentarios

¿Qué pasó con las minas antipersonales?

Blog 06 20090618 minas antipersonales

Una de las imágenes latentes más persistentes en mi memoria es la del Hospital General de Maputo, en Moçambique, durante el rodaje de la serie “Cooperantes”, y aquellos críos con los pies amputados, sustituidos ahora por unas prótesis que, cuando yo les visité, estaban aprendiendo a utilizar.

Recuerdo especialmente a un hombre, que aquí diríamos “de pueblo”, que ni siquiera sabía hablar en portugués. Tal como me tradujeron, él no entendía nada. No entendía porqué la tierra había estallado bajo sus pies; no entendía porqué le trasladaron; no entendía donde estaba, me decía el pobre a mí, que entendía menos que él.

Otro recuerdo me lleva a Bosnia-Herzegovina, siguiendo al grupo de militares españoles destinados en Mostar, mientras desactivaban las minas que poblaban campos, pueblos y carreteras. Y como un subíndice dentro de aquel recuerdo, el último consejo del embajador, José Angel López Jorrín, antes de despedirnos:

– “Mea desde la orilla”.

Si, así de textual: “Mea desde la orilla”. Una forma enfática de advertirme que no había que salir de la carretera bajo ningún concepto.

En algunos pueblos habían volado las casas de los “vecinos-enemigos” con bombonas de gas butano. Pero lo más duro era que debajo de los escombros habían puesto minas antipersonales, para asegurarse de que si algún día volvía alguien de esa familia, volara por los aires.

Recuerdo un pueblo que estaban intentando reconstruir los “unos” y los “otros”, todos juntos, cerca de la frontera con Croacia. Un pueblo en ruinas en el que sólo un puñado de casas se salvaba. El resto esperaba a que apareciesen los soldados a desactivar las minas, si las había (que las había); pero nadie sabía cuántas, ni dónde.

En el colegio se enseñaba a los chavales a distinguirlas. Con demasiada frecuencia se habían colocado bajo neumáticos, en el campo, o debajo de objetos que pudiesen llamar la atención de cualquier crío.

Un horror.

Y en el colmo del sadismo, el de la macabra naturaleza de aquellas minas que acumulaban carga, de forma que no estallaban a la primera pisada, sino cuando ya se había pasado por encima 10 o 15 veces; cuando ya la víctima (cualquiera, tú mismo) pensaba que el lugar estaba fuera de peligro. Me lo contaba un médico español en Maputo, al tiempo que se alegraba de que los casos ya se hubieran reducido a sólo tres o cuatro a la semana…

Todos estos recuerdos, no lo son tal para los millones de personas que viven aún en peligro, en tantas partes del mundo en donde la paz es un concepto que hace generaciones que no se conoce, o se vive con miedo.

El Tratado de Ottawa, que prohibía la producción y venta de minas antipersonales (y la utilización; ¡pero vete a contárselo!), entró en vigor en 1999 y tenía como objetivo haber logrado su eliminación en todos los estados firmantes en este año 2009. Vano empeño, si pensamos que países como Rusia, Estados Unidos, la India o China no han querido saber nada del asunto.

Pero no solo ellos, todos parecemos haber olvidado la crueldad que se oculta bajo tierra, junto a estos artefactos, cuyo resultado tuve el triste privilegio de conocer.

Circunstancia que debería hacernos reflexionar sobre la responsabilidad de los países desarrollados, los “nuestros”,  en todo ello. Quizás deberíamos dejar de mirarnos el ombligo, volver la vista hacia todas esas “zonas calientes” del planeta y preguntarnos por la decadencia de nuestra propia humanidad y qué hemos hecho para que la vida nos importe tan poco.

18 junio, 2009 Posted by | Sin categoría | , , , , , , , | 2 comentarios

Respétame, respétate

Blog 04 20090604 Respétame, respétateProbablemente sea una cuestión de perspectiva. Por un lado sabes que están ahí gracias a ti, sin olvidar que ese “ti” es un falso pronombre personal del singular, puesto que engloba a miles, incluso millones de personas que decidieron contigo quienes debían de representarles. Es decir, que están ahí porque un número suficiente de “ti” así lo han decidido.

Y esa es la cuestión básica. La que te lleva a preguntarte cómo es posible que todos esos miles de “ti” tengan que descubrir en cada ciclo electoral el decepcionante nivel de sus representantes.

Antes, cuando el nivel cultural de este país era, más que bajo, de una tristeza descorazonadora, recuerdo cómo nuestros mayores expresaban su admiración con la frase “qué bien habla”.

¡Claro! El nivel se le suponía y envidiaba.

Pero el país ha cambiado. Los universitarios comparten la cola del INEM con culturas de todos los orígenes y niveles, y la vara de medir ya no pasa por el grado de elocuencia, sino por el contenido del mensaje.

¿Y qué tenemos?

Si el Congreso fuese un establecimiento comercial y hubiésemos de guiarnos por lo que dicen los congresistas de sí mismos, sería horrible: corrupción, falta de patriotismo, insolidaridad con el ciudadano, falta de realismo, engaño al pueblo… ¿Quién iba a fiarse de gente así?

Cuando uno de los representantes de unos “ti” habla de otros representantes de otros “ti” nunca debería de olvidar que la agresión verbal que vierte con deportiva inconsciencia contra su “compañero de escaño”, aunque esté enfrente y no al lado, es una agresión contra la misma clase política, que es tanto como decir una agresión contra las personas que han ejercido el constitucional derecho de voto.

Y no digamos de la falta de respeto, de “decoro”, incluso de “vergüenza”, que suponen las campañas publicitarias. Sus contenidos, además, absolutamente primarios, dan una idea desoladora de la opinión que estos representantes tienen sobre el nivel de sus votantes: juegos de palabras de colegio, miedos, mensajes banales, puestas en escena absurdas, copiadas de las campañas americanas, esas que siempre nos parecieron excesivamente cinematográficas e infantiles.

Votar es un derecho que cada una de las familias de este país se ha ganado a costa de su propia sangre, la de todos los antepasados que entregaron su vida por ejercer ese derecho.

Por eso os exijo un mínimo de respeto.

Contadnos por favor qué propuestas tenéis para nosotros.

Contadnos por favor qué nos estamos jugando con las elecciones europeas.

Contadnos por favor qué os diferencia y qué os une de cara a Europa.

Nos lo debéis y os lo debéis a vosotros mismos.

Para peleas e insultos ya tenemos la calle. Pero incluso cuando hay una pelea en la calle la gente común trata de separar y de calmar a cada uno, más que de tomar partido y linchar al otro. No es propio de ellos y es muy decepcionante que nuestros líderes se comporten así.

Yo voy a meter tu nombre dentro de una urna. Por favor: respétame.

4 junio, 2009 Posted by | Sin categoría | , , , | 9 comentarios

Los Nosotros

20090407(039)Hubo un tiempo en que estaba encantado de formar parte de Nosotros. Opinaba como Nosotros, sentía como Nosotros e incluso llegué a captar el modo de hablar y de vestir de Nosotros, de manera que cuando alguien me veía por la calle decía: “Mira, un Nosotros”.

Genial oye.

La cuestión es que tanto me preocupaba aquello de ser un Nosotros más, que un día me paré ante el espejo con una pregunta íntima e inesperada: “Si realmente soy un Nosotros… ¿por qué tengo que trabajármelo tanto? ¿Por qué no sale todo de forma natural?”

Fue entonces cuando me vino la horrorosa idea de que, aunque yo no fuera consciente de ello, era posible que debajo de aquel trabajoso Nosotros mío, se encontrase camuflado en realidad un elemento del oscuro Vosotros.

¡O sea: que yo podía ser en realidad un Vosotros, solo que aún no me había dado cuenta!

Pero, dada la aversión que sentía hacia los Vosotros, a lo peor la cosa era mucho más siniestra, y yo era en realidad un… “¡Ellos!”

La leche.

Pensé pues en que siendo un Ellos o un Vosotros sería explicable porqué a veces me costaba tanto llevarme bien con los otros Nosotros.

Porqué no terminaba de aguantar sus obsesiones y su manía persecutoria con los Vosotros y Ellos, a quienes había que atacar de manera inmisericorde, de la misma forma que, hiciese lo que hiciese uno de Nosotros, estabamos obligados a apoyarlo y defenderlo, aún entrando en conflicto con nuestros más íntimos sentimientos.

Incluso había que dar la cara a toda costa por cualquiera de Nosotros, para no darles “alas” a Vosotros (o mucho peor: a Ellos). Afirmación que siempre me dejaba perplejo, pues siempre me interesó la búsqueda de la verdad, aunque nos afectara a Nosotros, mismamente, en la convicción  de que Nosotros era un concepto tan formidable, perdurable e impermeable, que el hecho de reconocer que un Nosotros fuera un poco “lelo”, jamás afectaría negativamente a la totalidad de Nosotros como grupo, sino que lo fortalecería.

Pues no.

La cuestión llegaba a ser tan dura que, como a veces entrábamos en contradicciones, en conversaciones que se desarrollaban simultáneamente, al no saber cual era la opinión oficial de Nosotros, decidimos mantener la boca cerrada sobre ciertos temas puntuales hasta que se supiese con exactitud lo que dictaminaba Nosotros sobre el asunto, y lo que debíamos de “pensar”.

Torturado por el protagonismo que habían tomado en mi vida los pronombres personales, quiso la casualidad que conociese a un profesor de universidad de la ciudad en que nací, que afirmaba sin complejos que opinaba indistintamente como Nosotros, Vosotros o Ellos en función de qué tema o matiz o estrategia estuviésemos hablando, puesto que Vosotros funcionaban mejor en unos casos y Nosotros en otros (la verdad es que de Ellos nunca dijo nada).

De cualquier forma aquel viejo chupatintas me pareció un espíritu libre. Porque aquello de la pertenencia a machamartillo a un Nosotros a cualquier coste, se me antojaba ya un poco irracional.

Total, que hace tiempo que dejé de ser Nosotros. Tampoco “me pasé” a Vosotros ni a Ellos, sino que decidí valorar las propuestas puntuales de Nosotros, Vosotros o Ellos con objetividad en cada momento y entonces decidir.

Así comencé a formar parte de un nuevo grupo, mucho más auténtico: el de “Yo”.

Si: Yo mismo.

Quizás algún día desapareciesen los Nosotros, los Vosotros y los Ellos, y podríamos mirarnos al espejo sin hacernos preguntas sin respuesta.

19 mayo, 2009 Posted by | 1 | , , , , , | 9 comentarios