BLOG de JUANMA BLAZQUEZ

A ver cómo te lo cuento…

Volver a Vivir… cada día.

Hace unos días un viejo compañero me llamó para que le contestase unas preguntas referentes al programa “Vivir cada día”, de Televisión Española, en donde ambos trabajamos.

Y es como si, al hilo de esa llamada, volviesen a mi memoria aquellos primeros años de Democracia, que algunos vivimos a través del objetivo de la cámara.

Y sí, el programa “Vivir cada día” (1978-1987) fue un ejemplo muy representativo de la movida en TVE de aquellos años.

En mi opinión, una de las claves imprescindibles para determinar su importancia fue que por primera vez se valoró la gente común en el reportaje en televisión. Porque hasta entonces, el hombre de la calle “sólo” era importante si había “noticia” y normalmente en la sección de “sucesos”, puesto que la televisión se ocupaba de gente VIP: escritores, artistas, políticos, profesionales –médicos, arquitectos, abogados, etc.-.

Con “Vivir cada día” la gente tomaba importancia en los medios “por si misma” lo que supuso una toma de conciencia social de la importancia de esos ciudadanos, hasta entonces relegados a un segundo plano.

Hoy hay muchos programas “populares”, especialmente en los horarios de tarde, en los que hombres y mujeres cuentan sus vivencias, su trabajo, los problemas de su día a día. La cuestión es que antes de “Vivir cada día” esto era impensable. Por tanto, situar al ciudadano común en un primer plano, con un mensaje claro: “tú eres importante, por eso ocupas un espacio en los medios”, fue algo fundamental en la recién estrenada Democracia, pues es el hombre de la calle el destinado a elegir mediante su voto quiénes podían gobernar y quiénes no, algo nuevo para aquellos españoles recién salidos de una larga dictadura.

El Docudrama

La fórmula del “Docudrama”, propia de “Vivir cada día”, creo que es de una enorme complejidad no suficientemente valorada. Principalmente por tratarse el docudrama no desde la perspectiva “americana” -una historia real interpretada por actores-, sino desde la clave de la interpretación de esa misma historia pero por los propios protagonistas que la vivieron.

En mi opinión es un género que no ha vuelto a repetirse con este tratamiento en ninguna televisión, lo que convierte a “Vivir cada día” en un experimento único en la historia del medio audiovisual español.

Por eso pienso que la mayor genialidad de “Vivir cada día” fue la “dramatización de la información”, aplicando las claves del cine –ficción- a la realidad: guión con un planteamiento, nudo y desenlace; interpretación de su vida por los propios personajes, dándole una nueva dimensión a la historia; búsqueda de hilo conductor; utilización del lenguaje cinematográfico; utilización de músicas y bandas sonoras originales…

Cada tema pedía un tratamiento distinto y original, que había que resolver desde las claves del docudrama, en las difíciles condiciones derivadas del trabajo con “personajes reales” y de “historias reales”, desde cuya perspectiva la “ficción” se veía como algo menos complejo.

Además, para elaborar cada capítulo de “Vivir cada día”, era importante una fuerte capacidad de adaptación a los continuos cambios generados por el hecho de trabajar con personajes “reales” y creatividad suficiente para reorientar el guión en función de estos cambios. Lo que derivaba en algo que posteriormente creo que reflejamos todos en nuestro trabajo: la conjunción en la misma persona de dos profesiones hasta entonces separadas: redactor-guionista y realizador-director.

El proceso era muy complejo.

Primero había una profunda investigación, en la cual se concretaban los protagonistas, se estudiaba su entorno social, su historia, su cultura, su lenguaje, etc.

Después se preparaba el guión, de forma que se construía una historia que reflejase la realidad del colectivo, incluyendo diálogos “creíbles” y situaciones que luego debían de ser interpretados por los mismos personajes reales contactados.

Así se discutía el guión con dichos personajes, hasta llegar a un acuerdo y, finalmente, se rodaba.

Pero se rodaba en formato cine 16 mm. Es decir, de forma infinitamente más compleja técnicamente, dado el soporte, que si se hubiese hecho en la actualidad con los ágiles medios digitales.

Señalaré tres de entre los programas de los que fui autor o coautor, cada uno de los cuales se desarrollaba en un ámbito social diferente -una familia, un barrio y un pueblo- que en mi opinión ejemplifican la dificultad y los distintos objetivos del programa:

En “Si quiero”, Premio Inserso del año de su emisión (1986) contaba la  relación entre un muchacho atado a su silla de ruedas y una mujer sin minusvalía, y el enfrentamiento con la pareja de sus respectivas familias, que se oponían a dicha relación. De todos ellos hube de obtener su colaboración, además de implicar en el rodaje al entramado social, como médicos de hospitales, vecinos del barrio, amigos, etc., y no para “dar su opinión”, que sería lo común en la actualidad, sino para interpretarse a sí mismos, reproduciendo en un mes de rodaje lo ocurrido a lo largo de varios años.  Con lo que habrían de participar en un complejo entramado de secuencias, en rodajes en los que habían de evolucionar “en imagen” y con diálogos e interpretación de textos, siguiendo todo el proceso de relación comprimido en un estudiado guión.

El trabajo para conseguir que esa historia saliese adelante, como todas las de “Vivir cada día”, precisaba de una profesionalidad  y una entrega total por parte del equipo, con un conocimiento periodístico, humano y cinematográfico importante, pues había que suplir la imposibilidad de que los personajes expresaran algunos textos –al no ser actores- con secuencias basadas en la comunicación no verbal pura y dura.

Y contando, además, con presupuestos muy escasos.

En “La ley de la Palanca”, episodio nominado al EMMY en 1988, del que fui coautor junto a Ángel Peláez, el ámbito al que había que hacer partícipe ya no era el de dos familias, sino a todo un “barrio chino” localizado en Bilbao, la calle de las Cortes, marcado entonces por la marginación, la prostitución, las drogas, etc.

El resultado fue un retrato social en el que participaron no sólo todos los auténticos personajes del barrio: prostitutas, travestis, camellos, drogadictos, empresarios de clubs de alterne, vecinos comunes,  etc.,  sino también varios hilos conductores “especiales”: una actriz, Terele Pavez, que interpretaba a una prostituta que mandaba cartas a su familia; un cantautor, Patxi Andión, con el que los autores colaboramos en la elaboración de textos, y el grupo de teatro vasco “La Karraka”, que con el pretexto de buscar ejemplos reales de prostitutas en el barrio chino para una obra de teatro, servían también de hilo conductor.

Y a todo ello, unir un rodaje durísimo en el que, por ejemplo, hubimos de buscar apoyos del propio barrio, para esquivar a algunos vendedores de heroína, recelosos del rodaje.

Un trabajo muy complejo y muy duro.

Protagonista, el concejo” es el último ejemplo para marcar los distintos ámbitos en los que se movía “Vivir cada día”. Se trataba de la historia de “la primera mujer juez de paz” de España, concretamente en la localidad asturiana de Campo de Caso, en donde hubimos de conseguir la participación, e interpretación, no sólo  del ámbito familiar de la juez, sino de todo el pueblo: alcalde, cura, miembros del concejo, y multitud de paisanos.

Como queda señalado, en mi opinión, este tipo de trabajo no ha vuelto a producirse en ningún programa de  ninguna cadena. Posteriormente todos han seguido estos temas “sociales”, sin duda, pero desde la perspectiva habitual del reportaje: “simplemente” entrevistas y off.

El Equipo

Por todo ello me gustaría destacar que “Vivir cada día” evolucionó gracias a las aportaciones de los profesionales que trabajamos en el programa: el EQUIPO.

En “Vivir cada día” creo que todos estábamos capacitados para realizar el reportaje y el documental desde las claves del cine. Ya no éramos “solo” periodistas, sino profesionales que concebían la “información audiovisual” en su totalidad.

De ahí que mientras a menudo en los programas informativos posteriores –Documentos TV ó Informe Semanal-  la mayoría de los reportajes precisaban de la figura de un redactor y un realizador, los que vivimos la experiencia de “Vivir cada día” cubríamos habitualmente esa doble función, con una concepción cinematográfica del reportaje y el documental, dando importancia fundamental al guión y a su evolución dramática, sobre la base de dos premisas fundamentales: contar historias, y priorizar al elemento humano en esas historias. Dotarlas de un protagonista que ejemplificase lo narrado.

En este sentido, como autor puedo decir que siempre tuve presentes esas claves en todos mis trabajos, tanto en los diferentes programas en los intervine -ya fueran de corte informativo, cultural o social-  o en los que puse en marcha ya como creador y director: las series “Cooperantes” (1999-2000) y, sobre todo,  “Cuadernos de paso” (2000-2008).

Y siempre buscando fórmulas distintas de narración.

En “Cuadernos de paso”, por ejemplo, además de un relato intimista, en primera persona, ya que mi experiencia personal sería el hilo conductor -no tanto en imagen, como en off-, toda la serie se desarrollaba en clave de “recuerdo”: un continuo “flash back” que me permitía sobrevolar sobre los escenarios sin estar atado necesariamente al seguimiento de una ruta, sino a la fuerza de las sensaciones que produjeron en mí espacios y personajes.

Y ahora, al volver a revivir aquellos años 80, con sus luces y sombras, mi recuerdo y mi abrazo a todos aquellos con los que tuve ocasión de compartir esta experiencia única llamada “Vivir cada día”.

Va por ellos.

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23 marzo, 2011 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 7 comentarios

Vivimos en Plano Secuencia…

Acabo de abrir una página en facebook.

La he llamado “VIVIMOS EN PLANO SECUENCIA” en honor y reivindicación de aquellos que, como yo, tienen una forma de ver la vida indisoluble con el medio audiovisual.

El contenido con el que abro, creo que no deja lugar a dudas sobre ello:

“Si eres músico ya sabes que todos los sonidos de la Naturaleza son la música que marca el ritmo de tu vida… Si eres pintor, saboreas el hecho de que todo a tu alrededor tenga color… Si escribes, hace tiempo que descubriste que hay una historia detrás de la cosa más insignificante…

 …Y si eres como yo, sabrás que Vivimos en Plano Secuencia.” Juanma Blázquez

El mundo del reportaje y el documental se presenta, pues, como algo más que una ocupación o una afición. Es, como ocurre con el hecho artístico de la música, la pintura o la escritura, una manera de ver y de sentir la realidad. 

 

VIVIMOS EN PLANO SECUENCIA (facebook)

Y en cuanto a quién va dirigida, es una página abierta a todos; pero tiene sin duda unos compañeros de viaje especiales. Algo que queda más claro en la segunda entrada:

“Cuando haces una entrevista, ¿has pensado alguna vez en el contraplano? ¿En lo que ve el entrevistado?¿En tu imagen y la de tu equipo? ¿En tus preguntas? ¿No crees que él es un espejo y que sus respuestas reflejan lo que tú enseñas?”

 Son por lo tanto una serie de reflexiones en torno al proceso creativo del audiovisual con la realidad como fondo (el mundo del Reportaje y el Documental) nacidas a lo largo de más de treinta años de dedicación a este oficio, como periodista y realizador, así como otros más de diez años en el Instituto Oficial de Radio y Televisión (IORTV) de TVE cambiando impresiones con alumnos y profesionales del medio audiovisual.

Así pues, allí os espero también. Buscad en facebook la página “VIVIMOS EN  PLANO SECUENCIA” y compartirla.  Acaba de nacer; pero tiene mucho espacio para crecer y disfrutar.

Nos vemos allí…

9 noviembre, 2010 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , | 4 comentarios

“Querida amiga…”

Blog 09 20090930 Querida amiga...Ayer fui invitado a asistír a la presentación de un documental en Madrid, en el Centro de Arte Reina Sofía. Se trataba de “Querida Doña Elena”, producido por TV3 dentro de la serie “Sense ficció”.

Inesperadamente, fue un reencuentro con sentimientos trasnochados.

Emoción, diversión, ternura… Muchas sensaciones se me vinieron encima al volver a escuchar los viejos programas de radio de Elena Francis, recreados magníficamente en el documental.

El guión y la dirección de Joseph Rovira y una más que sugerente realización de Lluis Monserrat, fueron capaces de crear una atmósfera que me arrancó de la butaca para trasladarme a los años de la niñez y a recuperar un puñado de recuerdos.

El primero, el de una radio Telefunken enorme, con dos filas de teclas de marfil, que presidía el salón de mi casa, desde el aparador.

El segundo, la imagen de mi abuela Alberta cosiendo, con sus gafas redondas y su pequeño moño blanco, junto a la ventana.

Y el tercero, a mí mismo sentado junto a ella en una silla, tan pequeño que mis pies aún no llegaban al suelo, pegando aquellos cromos preciosos de cartón ¡en color! de “Rintintín”, la serie que había cambiado hasta nuestros juegos en la calle, en los que, por supuesto, yo me pedía siempre ser el cabo Rusti. A los demás no les importaba. Preferían ser “indios” o “americanos” y liarse a tiros o atravesarse con lanzas y flechas mientras yo me ocupaba de mi perro. Además yo era el más pequeño, así que me iba bien el papel.

Recuerdo que entonces salió el álbum de cromos. Fue la primera colección que hice. Los compraba en “el puesto verde” o en “Berta”, una pequeña tienda mezcla de papelería y chuches de mi barrio de entonces, y los pegaba con mimo, con agua y harina, que era lo que todos usábamos en el colegio.

Y precisamente el hilo conductor de todos estos recuerdos eran aquellas tardes de abuela, de radio y de cromos, bajo la banda sonora inevitable de Elena Francis.

Así que, a los pocos minutos de comenzar el documental yo ya estaba fuera del Reina Sofía, reviviendo “en color” aquellos años 60 y, siempre, con una sonrisa. Porque uno de los mayores logros de “Querida Doña Elena” es que consigue arrastrarte hasta la vida en aquellos años “sin rencor”, a pesar de la dureza del trasfondo de las cartas y, no digamos, de las respuestas, trascendiendo su propio contenido para servir de vehículo para llevarte de viaje a través del tiempo, tal como me ocurrió a mí.

En la sala, además de la dirección de tv3, decidida defensora de una televisión pública de calidad, y los autores del documental, encontré entre otros a Manolo Sánchez, director de Documentos TV, quien me aseguro que tras su emisión en la televisión pública catalana TV3, también podríamos verlo en el resto de España en TVE.

Espero que sea pronto y podáis disfrutarlo porque, dado el amplio abanico de años de emisión del programa de la Francis, seguro que una parte os toca también a vosotros. Así, podréis recuperar un puñado de preciosos recuerdos y, todos, con el fondo de aquella música y aquella extrañamente dura y cálida voz que decía:

“Querida amiga…”

(Por cierto que el álbum de Rintintín, perdido hace tiempo, pude recuperarlo casualmente al encontrarlo en un puesto de la Feria del libro de Madrid, hace ya unos años. Recuerdo que cuando lo ví se me saltaron las lágrimas. Debe de ser cosa de la edad…)

30 septiembre, 2009 Posted by | 1 | , , , , , , , , , , , , , , | 6 comentarios

Sabores en Peligro de Extinción

Blog 07 20090629 Sabores en peligro de extinciónLa “mano que escribe” lo hace trazando unos dibujos sobre un papel. Renglones que van ocupando un espacio, hasta que todo el conjunto adquiere un valor documental distinto, original: es un manuscrito.

El teclado del ordenador olvida ese arte. Todas las pulsaciones tienen el mismo resultado: pulcritud y frialdad.

Distancia.

Tampoco descarto que se trate de un achaque de “los 50”. Cuando era más joven lo único que me preocupaba era el concepto ya desarrollado: “lo que se leía”. Que se entendiese bien y que no hubiese faltas de ortografía…

Pero ahora me interesa también el soporte, su estética, su relación con el escritor, su historia (incluso sus errores). Cosas que se pierden en una pantalla como ésta.

Y es que todo escrito es como un viaje. Si lo haces por autopista ganas en velocidad, pero pierdes el sabor del camino.

Aparentemente llegas antes al mismo sitio; pero has perdido disfrutar del detalle de los lugares que median entre tu origen y tu destino: el color y la forma de las casas, los rótulos de las tiendas, los olores, la forma de vestir de la gente, los perros, las vacas, los caballos… ¡los gatos!

A lo sumo, lo máximo que ves es un rebaño en la lejanía o unos restos espachurrados y secos de algo que pudo ser un conejo o una ardilla, o un perro abandonado, pegados al sofocante asfalto.

Después, señales con fondo azul o fondo blanco y gasolineras con autoservicios idénticos, a no ser por el acento de la persona que recoge tu tarjeta de crédito.

Creo que una de las cosas más negativas del ordenador es la desaparición de los manuscritos. Es difícil que en el futuro podamos conocer como eran los trazos de nuestros escritores contemporáneos. Seguro que su escritura es algo muy distinto de estos textos pulcros, puros, definitivos, sin correcciones ni tachaduras ni zona gris. Sin la humanidad del apunte apenas legible, fruto de la duda y de la búsqueda de la perfección.

Recuerdo cuando usaba la Olivetti, la “máquina de escribir” (¡qué bonita expresión!). Incluso con ella podías apreciar si habías pulsado con más o menos fuerza, por el relieve del papel, o si el rollo de cinta estaba más o menos gastado. ¡Y qué me dices de las correcciones con tippes, que siempre dejaban huella! Así el escrito participaba de esa originalidad de la escritura a mano.

En un ordenador, incluso la misma lectura también es fría. Además, estos mismos sentimientos y sensaciones podrían desaparecer en un segundo, pues están representados de forma fraudulenta, y frágil, a partir de una oscura sucesión de ceros y de unos.

Cada vez valoro más el calor de lo fabricado a mano, por simple que sea: los objetos de autor.

Que yo recuerde, siempre he necesitado pasar los guiones de mis reportajes y documentales a papel, antes de darles el visto bueno definitivo. Luego vienen las correcciones a lápiz. Vivas y desenfadadas, que se pierden tristemente en la papelera, una vez que las he vuelto a teclear.

Por eso me llevo una agradable sorpresa cuando encuentro traspapelado algún viejo guión, lleno de correcciones garabateadas con esa característica gracia e indolencia del íntimo tachón.

Me gusta escribir a mano; la magia del papel en blanco y del bolígrafo nuevo, con su preciosa tinta concreta e impecable; la ingenuidad de ese puñado de lápices de colores con la punta recién sacada, como lista para revelarte los secretos que esconde tu cabeza; el tacto del sacapuntas de metal, su diseño sólido y preciso; el olor dulzón de la goma de borrar y, mucho mucho, la expresión de Alicia cuando tiene entre sus manos mi último escrito, casi crudo: un dibujo de palabras que acabé de pincelar a las tantas de la madrugada.

Son sabores impagables, en peligro de extinción.

29 junio, 2009 Posted by | Sin categoría | , , , , , , , , , , | 4 comentarios