BLOG de JUANMA BLAZQUEZ

A ver cómo te lo cuento…

A José Antonio Labordeta…

Una de las anécdotas que a José Antonio Labordeta más le gustaba recordar, en relación al rodaje de su programa de TVE “Un país en la mochila”, era aquella que relataba una experiencia con la que yo, personalmente, durante los rodajes de “Cuadernos de paso” para la misma cadena, me he sentido siempre muy identificado.

Es sin duda una gran anécdota, pues sé por experiencia lo que es recorrer caminos y aldeas teniendo como única compañía el ladrido de los perros.

Contaba Labordeta que tras un largo viaje, llegó con el equipo de su programa a un pueblo perdido de los muchos que quedan aún en la geografía española, y que entraron en él con cierta aprensión, como si se tratase de un lugar repentinamente abandonado. Y contaba divertido que, tras dar unas cuantas vueltas por sus calles desiertas, vieron a alguien asomarse tras los visillos de un ventanuco y gritar a continuación: “¡Podéis salir, que son como nosotros…!”

Y así aparecieron los vecinos, escondidos hasta entonces.

Muy buena…

Y en un día como hoy, aquella anécdota me parece muy simbólica en relación a la idea que muchos tenemos sobre quién era José Antonio Labordeta.

Labordeta era un profesor, escritor, cantautor y político muy popular, que aparecía en los medios de comunicación con relativa frecuencia, desde cualquiera de las caras de su prismática existencia.

Pero, fiel a sí mismo, a sus ideas e ideales y al pueblo, a todos los pueblos, puesto que en todos los rincones de este país se identificaban con él, Labordeta, a diferencia de otros tantos artistas, intelectuales y políticos de todos los signos, nunca cambió su forma de ver la vida en base a esa popularidad.

Y es por esa razón por la que hoy tengo una triste sensación: la de haber perdido a una persona muy cercana.

A uno de los nuestros.

A alguien “como nosotros”.

Descansa en paz, amigo.

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19 septiembre, 2010 Posted by | 1 | , , , , , , , , , | 10 comentarios

Septiembre

Septiembre siempre fue como un susto.

Entras en él como cayendo de bruces contra los problemas de la vida, que regresan con su prepotente impertinencia a nuestra rutina, desplazando inmisericordes tu paz y tus sueños, tan celosamente alimentados durante el verano.

Problemas que evitas pronunciar, para no despertarlos, pero que tienen la extraña propiedad de pegarse “sí o sí” a tu cara, deformándola y poblándola de frunces, soledades y tristezas:

Los interminables ajustes de los sueldos a la baja, y los precios al alta;  los hijos sin trabajo; el desconcierto ante las declaraciones de los políticos, con o sin poder; el dinero negro de tanta gente en este país; los exámenes; los vecinos impresentables; la soledad de los viejos; la presión de la incertidumbre; la pérdida de esperanza en que algo mejore… ¡PARA!

¡Para!

Para… por favor.

Cierra los ojos, respira, vuelve a abrirlos y mira a tu alrededor.

Mira ese cielo intenso y suave: “el cielo de los Simpson” (como lo llamamos en los rodajes, para definir ese cielo azul salpicado de nubes de algodón) y, si puedes, si estás en el sitio adecuado (¡búscalo!) escucha los sonidos que la naturaleza te regala:

la caricia de la brisa que crece lentamente y se pierde y regresa y juega al escondite con tu sonrisa; el cantar de los pájaros, lleno de ausencias… o ese rico silencio que queda cuando apagas el sinfín de aparatos con los que la modernidad nos ayuda a olvidarnos de vivir.

Mira los volúmenes y las sombras suaves de los edificios, de las montañas… ¡El intenso color de las hojas de los árboles! o los brillos del agua, portadores de recuerdos…

Descubrirás un placer que tenías olvidado (y necesitas) disfrutando de esta fantástica luz…

…la luz de Septiembre.

8 septiembre, 2010 Posted by | 1 | , , , , , , , | 6 comentarios