BLOG de JUANMA BLAZQUEZ

A ver cómo te lo cuento…

Los Nosotros

20090407(039)Hubo un tiempo en que estaba encantado de formar parte de Nosotros. Opinaba como Nosotros, sentía como Nosotros e incluso llegué a captar el modo de hablar y de vestir de Nosotros, de manera que cuando alguien me veía por la calle decía: “Mira, un Nosotros”.

Genial oye.

La cuestión es que tanto me preocupaba aquello de ser un Nosotros más, que un día me paré ante el espejo con una pregunta íntima e inesperada: “Si realmente soy un Nosotros… ¿por qué tengo que trabajármelo tanto? ¿Por qué no sale todo de forma natural?”

Fue entonces cuando me vino la horrorosa idea de que, aunque yo no fuera consciente de ello, era posible que debajo de aquel trabajoso Nosotros mío, se encontrase camuflado en realidad un elemento del oscuro Vosotros.

¡O sea: que yo podía ser en realidad un Vosotros, solo que aún no me había dado cuenta!

Pero, dada la aversión que sentía hacia los Vosotros, a lo peor la cosa era mucho más siniestra, y yo era en realidad un… “¡Ellos!”

La leche.

Pensé pues en que siendo un Ellos o un Vosotros sería explicable porqué a veces me costaba tanto llevarme bien con los otros Nosotros.

Porqué no terminaba de aguantar sus obsesiones y su manía persecutoria con los Vosotros y Ellos, a quienes había que atacar de manera inmisericorde, de la misma forma que, hiciese lo que hiciese uno de Nosotros, estabamos obligados a apoyarlo y defenderlo, aún entrando en conflicto con nuestros más íntimos sentimientos.

Incluso había que dar la cara a toda costa por cualquiera de Nosotros, para no darles “alas” a Vosotros (o mucho peor: a Ellos). Afirmación que siempre me dejaba perplejo, pues siempre me interesó la búsqueda de la verdad, aunque nos afectara a Nosotros, mismamente, en la convicción  de que Nosotros era un concepto tan formidable, perdurable e impermeable, que el hecho de reconocer que un Nosotros fuera un poco “lelo”, jamás afectaría negativamente a la totalidad de Nosotros como grupo, sino que lo fortalecería.

Pues no.

La cuestión llegaba a ser tan dura que, como a veces entrábamos en contradicciones, en conversaciones que se desarrollaban simultáneamente, al no saber cual era la opinión oficial de Nosotros, decidimos mantener la boca cerrada sobre ciertos temas puntuales hasta que se supiese con exactitud lo que dictaminaba Nosotros sobre el asunto, y lo que debíamos de “pensar”.

Torturado por el protagonismo que habían tomado en mi vida los pronombres personales, quiso la casualidad que conociese a un profesor de universidad de la ciudad en que nací, que afirmaba sin complejos que opinaba indistintamente como Nosotros, Vosotros o Ellos en función de qué tema o matiz o estrategia estuviésemos hablando, puesto que Vosotros funcionaban mejor en unos casos y Nosotros en otros (la verdad es que de Ellos nunca dijo nada).

De cualquier forma aquel viejo chupatintas me pareció un espíritu libre. Porque aquello de la pertenencia a machamartillo a un Nosotros a cualquier coste, se me antojaba ya un poco irracional.

Total, que hace tiempo que dejé de ser Nosotros. Tampoco “me pasé” a Vosotros ni a Ellos, sino que decidí valorar las propuestas puntuales de Nosotros, Vosotros o Ellos con objetividad en cada momento y entonces decidir.

Así comencé a formar parte de un nuevo grupo, mucho más auténtico: el de “Yo”.

Si: Yo mismo.

Quizás algún día desapareciesen los Nosotros, los Vosotros y los Ellos, y podríamos mirarnos al espejo sin hacernos preguntas sin respuesta.

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19 mayo, 2009 Posted by | 1 | , , , , , | 9 comentarios

Sonados

20090308(000)En lo alto del cuadrilátero, el agotado púgil ya no sabe de dónde sacar fuerzas para superar el asalto, cuyo número hace tiempo que ha olvidado.

El paro, la hipoteca, las subidas imparables de los precios de todo tras la soga del euro, la incertidumbre… Al principio recibía cada golpe con entereza y deportividad. Con elegancia torera incluso. Mas ahora, su mirada busca con creciente ansiedad el rincón, mientras capta con impotencia la expresión de su mujer y sus hijos, sentados a dos filas de las cuerdas, que tratan de esconder su angustia tras forzadas sonrisas, que el espanto dibujado en sus ojos desbarata.

El púgil les mira fugazmente. Lo justo para clavar su imagen en la retina, como una foto, y regresar al “pumpúm” ineludible de la lucha: las colas del INEM; los portazos en la cara de las empresas; los inútiles currículum; las llamadas infructuosas; las cartas sin respuesta…

De repente, ya medio sonado, mientras se pregunta cuánto tiempo aguantará de pié, una voz le grita desde alguna parte de la cancha: “¡Verde!”

Alucinado, abre los ojos y mira hacia el fondo, perdiendo por décimas de segundo la vista al contrincante, que le premia con un doble golpe con subidas de los precios de la luz y del gas.

“¡Rojo!”, grita otra voz.

Un momento muy adecuado para encajar un inesperado mamporro en la nariz, con una factura del taller del coche, y otro en la boca del estómago, con un pago extra a la comunidad de vecinos, para cubrir los arreglos de la fachada…

Porrazos que se comen irremediablemente la última esperanza de tomar unas vacaciones.

“Eran sólo cinco días en la playa”, piensa. “Demasiados ahora…”

Mira de nuevo al rincón y se pregunta cuándo sonará la maldita campana, y podrá tener un mínimo respiro. Lo necesita. ¡Y lo necesita ya!: Sopa y pollo y patatas para comer un día si y otro también. Aguanta. Televisión en vez de cine y del teatro para qué hablar. Aguanta. Agua del grifo en lugar de refrescos. Aguanta. Ropa vieja, pero limpia. Aguanta. Prensa gratuita en vez del periódico de toda la vida. Aguanta. ¡Y pasear y pasear y pasear! Que no cuesta nada y ganas en salud.

Un tercer tipo a su espalda grita “¡Azul!”, mientras nuestro púgil se pregunta cómo esquivar la derecha potente de su adversario ¡La que tiene encima y ahora!

En un quiebro instintivo, que le provoca un leve tirón muscular en algún lugar de la espalda, se zafa hábilmente de un gancho que le llega esta vez desde su izquierda…

¡No puede descuidar ningún flanco!

Entre gritos cruzados de todos los colores a diestra y siniestra, por su mente pasa la cifra que gastó en su desesperación en la lotería del “Euromillón”, que no sirvió absolutamente para nada. Y en un momento de sarcasmo inesperado, se ve a sí mismo encarnando al mismísimo Homer Simpson, cuya imagen latente le deja un amargo sabor de boca, apenas endulzado por el hecho de comprobar que no ha perdido del todo el sentido del humor.

Entonces esboza una sarcástica sonrisa, que contrae su ya trágico rostro, cuya carne amoratada parece colgar del soporte óseo, como una flácida careta de látex, desinflada y babeante.

Da dos pasos hacia atrás. Busca inútilmente en el rincón los ojos de su entrenador, que mira para otro lado, y comprende que esta solo.

Pero hay que aguantar.

“¡Estoy totalmente sonado…!”, piensa. “Me pitan los oídos y todo lo que oigo parece llegar a través del agua. Pero mi familia me necesita. No tienen otra cosa. ¡Aguanta tío!”, se dice a sí mismo. “¡Aguanta! Aguanta…”

Y en medio del griterio surrealista que le rodea, de voces de todos los colores, el púgil se pregunta cómo ha podido llegar a esta situación.

“Quizás sería mejor tirar la toalla”, piensa. “¡A la mierda todo!”

Pero no puede rendirse. Su familia le necesita. Sus hijos le necesitan. Esta desesperado. ¡Es una pesadilla! Pero tiene que aguantar.

Y entonces levanta su voz, que se pierde inútilmente entre los gritos de unos y otros…

“¿Qué queréis de mí? ¿De donde venís ahora? ¿No veis como estoy? ¿Es que no salís a la calle? ¿Es que no sabéis nada?”

La furia le mueve algo dentro y golpea un par de veces en el aire, fuera de sí. Y el esfuerzo le agota más. Se cubre el rostro con los codos levantados, mientras el murmullo de voces parece hacerle burla desde la cancha… ¡Y vuelve a gritar!

“¿¡Es que nadie puede quitarme a esta bestia de encima!?”

Y el desigual combate continúa. Y la crisis sigue golpeando inmisericorde a nuestro héroe, sin que nadie se atreva a aventurar cuánto tiempo aguantará.

13 mayo, 2009 Posted by | Sin categoría | , , | 9 comentarios